Dentro del variado catálogo de alimentos existentes, las especias ocupan un lugar destacado dentro del pensamiento mágico o pseudocientífico, este que considera que muchos productos tiene una capacidad curativa extraordinaria para multitud de dolencias y enfermedades.
La cúrcuma, el producto extraído de la planta Curcuma longa, es uno de los elementos que mayor popularidad ha cosechado tradicionalmente dentro de las llamadas plantas medicinales. Pero ¿realmente la cúrcuma tiene propiedades curativas? Veamos qué dice la ciencia sobre algunas de sus alegaciones saludables más habituales.
Este artículo forma parte de mi colaboración semanal para la asociación Helping Cáncer. Puedes leerlo de forma completa haciendo clic en este enlace.
No estoy de broma. Bueno, no más que otras veces. El título de este post no es una obra de mi alocada mente alimentaria, sino la última consulta sobre movidas raras que les suceden a alimentos corrientes y molientes en el consultorio “Aló Comidista” de El Comidista. Por supuesto. No iba a ser el Aló Comidista de Vargas Llosa.
A continuación os mostraré la consulta que me fue realizada, al igual que en otras ocasiones, así como las respuestas que ofrecí a los amigos de El Comidista. Por supuesto, os recomiendo encarecidamente que acudáis al artículo original para disfrutar con las cuestiones más absurdas, divertidas y también didácticas (por qué no) del consultorio de este mes. Estoy seguro de que os va a encantar.
Puedes continuar leyendo el artículo de Mikel López Iturriaga
donde colaboro haciendo clic aquí, para el consultorio de El Comidista.
Consulta de una tal Ana, para El Comidista
El otro día me dio por meter una cuchara en el potaje de garbanzos que estaba cocinando mi madre, y no sabes la bronca que me pegó! ¡Que cómo se me ocurría meter una cuchara de metal! ¡Que se iban a poner duros! Es igual que la olla también fuera metálica, eso no influía. Por favor, necesito que me ilumines con tu sabiduría. ¿Mi madre está loca? ¿O existe alguna explicación científica? ¿La puedo internar ya en la López Ibor?
Esta fue mi respuesta después de tomarme una tila
Es la primera vez que oigo algo así, anonadado me hallo. Tras una ardua tarea de búsqueda bibliográfica, podemos decir que no existe ninguna explicación científica que justifique semejante bronca maternal. No sabemos si tu madre padece de algún trastorno psicológico, lo que sí sabemos es que esta información parece haber calado hondo en generaciones anteriores, ya que es algo que se comenta entre personas de avanzada edad con cierta frecuencia.
Efectivamente, no hay ninguna evidenciaque muestre una correlación entre la presencia metálica y la dureza de las legumbres, y si la hay al menos yo no la he encontrado.
En primer lugar, deberíamos preguntarnos de qué material está hecha esa fatídica cuchara. Por lo general, los cubiertos que utilizamos en nuestra vida cotidiana están hechos de acero inoxidable, por lo que, salvo que seas la Reina de Inglaterra y utilices cubiertos de plata, imagino que estos serán de acero inoxidable. El acero inoxidable es un material bastante resistente, por lo que no hay ningún motivo lógico para pensar que la simple introducción momentánea de una cuchara vaya a provocar un cambio inmediato en la preparación culinaria en cuestión.
La única lógica que se me ocurre sería que al mantener durante un tiempo prolongado la cuchara introducida en la olla, la temperatura de esta disminuyera y por lo tanto la del agua de cocción, provocando que los garbanzos terminaran quedando más duros. Pero vamos, que es algo bastante improbable, y desde luego no se va a producir por un “mete saca” rápido.
Antes que conseguir aumentar la dureza de los garbanzos, terminarías quemándote, ya que el metal conduce bastante bien el calor (de eso sí tenemos evidencias sólidas).
Por otro lado, y como bien dices, las ollas que solemos utilizar también suelen ser de acero inoxidable, por lo que habiendo cuchara o no y en el supuesto de que la relación entre metal-dureza fuera cierta, los garbanzos terminarían más tiesos que la mojama.
La recomendación debe ser vigilar el desgaste de los utensilios cotidianos, ollas, cubiertos, sartenes, etc, ya que con el paso del tiempo el deterioro de los materiales puede dar paso a una migración de componentes no especialmente interesantes para la salud hacia nuestra comida, y de esto sí que tenemos una seguridad absoluta.
A diario surgen multitud de noticias en portales web de diversa índole que hablan de las propiedades casi mágicas del jengibre. Es un goteo que nunca cesa, y esto salpica continuamente la mente del consumidor, ya que son contenidos que se viralizan con facilidad en redes sociales.
Podemos comprobar fácilmente las alegaciones saludables asociadas al jengibre si acudimos a nuestro querido buscador Google. Tecleando la frase “el jengibre es bueno para…” podemos descubrir un abanico de posibilidades muy amplio. Desde mejorar los gases, hasta la tensión pasando por el colesterol, el listado de beneficios saludables asociados al consumo de jengibre es abrumador.
Pero no queda ahí la cosa, aún podemos subir un escalón más en este despropósito. Si tecleamos “el jengibre cura…“ nos encontramos con un entorno desolador. Los usuarios buscan en Google si el jengibre cura la disfunción eréctil, la diabetes o incluso la EPOC, una enfermedad relacionada con la obstrucción de los pulmones debido a una inflamación crónica, las siglas de Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica.
Puedes leer mi artículo completo para Salud sin Bulos
El término “kalanchoe” hace referencia a un género de plantas de una gran diversidad de la familia de las crasuláceas, destacando dentro de ellas la especie Kalanchoe daigremontiana por su supuesta capacidad para curar el cáncer.
Por desgracia, el kalanchoe tiene atribuidos una serie de beneficios para la salud totalmente distorsionados de la realidad. Todos ellos han sido potenciados por algunos charlatanes y curanderos, que llevan años prometiendo una cura infalible contra el cáncer a raíz del consumo de esta planta, tanto en crudo como a través de infusiones.
En este artículo veremos cuáles son las bases científicas que existen detrás de esta planta, y por qué no es correcto afirmar que el kalanchoe cura el cáncer.
Este artículo forma parte de mi colaboración semanal para la asociación Helping Cáncer. Puedes leerlo de forma completa haciendo clic en este enlace.
Hoy repetimos colaboración con uno de los formatos más dicharacheros del mundo alimentario, el consultorio “Aló Comidista” de El Comidista. Lógicamente. No iba a ser el Aló Comidista de Pérez Reverte.
En esta ocasión nos enfrentamos a la consulta de una lectora temerosa que nos pregunta sobre el tabaco y su exposición cerca de los alimentos, incluso cuando estamos cocinando.
Si quieres disfrutar de lo lindo con todas las consultas de este mes, no dudes en visitar el enlace que te facilito a continuación para acceder directamente al sitio web de El Comidista. Que aproveche.
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Consulta de un tal Unai, para El Comidista
¿Afecta a la fruta o a otros alimentos que se fume cerca de ellos? ¿Afecta si se están guisando? Es que mi padre tiene la costumbre de fumar en la cocina y desde que adquirió ese hábito no pruebo la fruta por si acaso!
Esta fue mi respuesta después de tomarme una valeriana
El humo del tabaco contiene sustancias como la nicotina y el monóxido de carbono que fácilmente quedan impregnadas en cualquier objeto que esté en un entorno fumador, sobre todo ropa y alimentos. Como bien sabemos, la combustión de estos elementos químicos está fuertemente relacionada con la aparición de distintos tipos de cáncer.
Además, algunos alimentos como las frutas pueden ser todavía más proclives a acumular estos componentes en su piel por la composición propia de la misma en pectinas y fibra.
Hay que llevar mucho cuidado con el tabaco ya que no solo afecta al propio fumador, sino a todo el entorno que le rodea, pudiendo acumular sustancias en otros elementos cotidianos. Y eso no excluye a los alimentos, por desgracia.
Dentro del vasto universo de Internet, es bastante común encontrar multitud de obras literarias en torno a la salud y la alimentación, algunas de lo más curiosas e inquietantes.
Por desgracia, la pseudociencia y la desinformación campan a sus anchas en este tipo de obras. Y no solo en Internet, ya que basta con visitar cualquier gran superficie para comprobar fácilmente que muchos títulos, con una importante evidencia científica a sus espaldas, comparten estante con otras tantas, que están más cerca de la pseudociencia o el pensamiento mágico que de la ciencia.
En el sector de la salud este fenómeno cobra especial relevancia, ya que las terapias alternativas consiguen una enorme repercusión, por desgracia, al aprovecharse de la vulnerabilidad de aquellos que están pasando por un momento complicado en sus vidas.
Este artículo forma parte de mi colaboración semanal para la asociación Helping Cáncer. Puedes leerlo de forma completa haciendo clic en este enlace.
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