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Calor. Humedad. Rayos de Sol. Sombrilla. Todas estas palabras veraniegas evocan fantasía en cada uno de sus fonemas. Y es que una visita a la playa es un evento tan ansiado por la gran mayoría de los mortales, que solo con pensar en sumergir el dedo meñique en la próxima ola nuestro cuerpo se estremece por completo.

Pero claro, si hablamos de alimentos, ya sabemos que la cosa se complica. No todos ellos son idóneos para ser transportados a la cala más guay de tu Comunidad Autónoma. Las ensaladas, por ejemplo, son un elemento un tan complicado si queremos gozar de un alimento saludable. Aunque, claro, todo depende de qué entendamos por ensalada. Una vez de viaje en Toulouse pedí una ensalada y llevaba bacon, así como sendos chorros de salsa César y mil picatostes por metro cúbico. Muy saludable no era aquello precisamente.

Pero bueno, intentemos no pensar en excentricidades y nos centraremos en modelos de ensalada estándar, donde suelen predominar alimentos vegetales como lechuga, tomate, maíz, cebolla, aceitunas o algunos tipos de fruta, así como alguna fuente proteica saludable como el huevo o atún. Si quieres coger ideas de ensaladas saludables y a tope de nutrientes, te recomiendo que eches un vistazo a este artículo de “Qué Viva la Cocina” donde recogen una selección espectacular de ensaladas para el verano.

El huevo, mejor que se quede en casa

Como ya sabrás, el huevo es un alimento sumamente delicado desde el punto de vista microbiológico. En su cáscara podemos encontrar de forma habitual patógenos como Salmonella que pueden pasar al interior del huevo si realizamos un almacenamiento y manipulación incorrecta del alimento ovoide en la cocina.

Por ello, lo mejor será que prescindamos de nuestro querido amigo huevil para las visitas playeras si no queremos jugarnos una buena intoxicación alimentaria. Pero ojo, no quiere decir que no puedas ponerle huevo a tu ensalada playera. Si nos aseguramos de que esté bien cocido no tiene por qué ser un problema. Eso sí, ni se te ocurra dejarlo a la intemperie. Aunque de eso hablaremos al final.

¿Y el tomate qué?

En el caso del tomate, contamos con una variante en miniatura que produce placer y asombro a partes iguales en un número considerable de consumidores (entre los que me incluyo, por supuesto). Me refiero al tomate cherri, esa fantasía rojiza que exalta la belleza del tomate en su mínima expresión, y máxima a la vez. Una auténtica locura alimentaria que explota en la boca el mínimo contacto mecánico con las fauces humanas.

El tomate cherri mola mucho, y también por cuestiones de seguridad alimentaria. Y es que la superficie de exposición tienen mucho que ver cuando hablamos de degradación de alimentos. Seguro que has notado alguna vez que el tomate cortado o en rodajas se pone blandurrio muy rápidamente en la playa, ya que no aguanta precisamente bien el calor.

Esto es debido a que cuando cortamos el tomate, estamos rompiendo sus paredes celulares, exponiendo al alimento a los factores ambientales como temperatura, humedad o luz. Por ello, recurrir al tomate cherri en tus escapadas playeras puede resultar un increíble combo de sabor y de seguridad alimentaria, ya que la piel permanece todavía intacta.

Además, si por un casual no te apetece el formato ensalada y te los quieres llevar sueltos en un tupper, también sirve. No hay golosineo mejor que el que te puede dar un buen puñado de tomates cherris un domingo cualquier en La Manga del Mar Menor.

Las conservas nos dan la vida

Una vez que hemos anotado ese par de recomendaciones en lo relativo al huevo y al tomate, lo cierto es que el abanico de opciones e ingredientes para elaborar una ensalada playera es casi infinita.

Si nos fijamos en el atún, tenemos la clara ventaja de llevarnos la lata desde casa y añadirla a la ensalada justo en el momento en que esta vaya a ser devorada. Es bastante cómodo, y así nos ahorraremos los problemas de conservación.

Por otro lado, las legumbres se convierten en un aliado ideal para elegir ensaladas diferentes, saludables y alejadas del patrón clásico de tomate, lechuga y atún. Además, contamos con la ventaja de las legumbres en conserva como alubias, garbanzos o lentejas, que también se venden en formatos pequeños y nos pueden ayudar a confeccionar una ensalada rica en proteínas de calidad en un santiamén.

Un buen truco es recurrir a encurtidos o conservas vegetales, como puedan ser aceitunas, maíz o zanahoria en tiras. Recuerda: si nos llevamos la lata sin abrir, estaremos sumando puntos de seguridad alimentaria a nuestra aventura playera.

Otra opción que cada vez cobra más protagonismo son las ensaladas listas para tomar, también conocidas como ensaladas de cuarta gama. Son muy típicas y reconocibles porque ya poseen en un recipiente plástico todo lo necesario para confeccionar tu ensalada favorita. Sin embargo, estas ensaladas necesitan estar refrigeradas en todo momento, por lo que ni se te ocurra llevarla sin frío a la playa.

Lo más importante de todo: la nevera

Todo esto que hemos contado está muy bien, pero si no conservamos correctamente los alimentos en el trayecto desde casa hasta la playa, todo esfuerzo habrá sido en vano. Recordemos que las dos variables que influyen de forma certera en el deterioro de los alimentos son el tiempo y la temperatura. Y, precisamente, ambas métricas suelen ser críticas en un viaje playero.

Por ello, será indispensable que contemos con nuestra fiel amiga la nevera para conservar en condiciones todos los ingredientes que habitualmente necesitan frío y que son susceptibles de echarse a perder por el camino. Recuerda que la gran mayoría de los vegetales enteros, todavía sin cortar, resisten bien fuera del frigorífico. Por el contrario, si troceamos los vegetales, es obligatorio que aguanten en temperaturas de refrigeración. Esto aplica para todas las frutas, verduras y hortalizas que preparemos para nuestra ensalada, así como para cualquier producto o ingrediente que ya está fuera de su envase como la clásica sandía y el melón troceados o en rodajas.

Recuerda que no existe un tiempo máximo seguro para mantener los alimentos sin refrigerar. Cuanto más tiempo dejes un alimento fuera del frigorífico, el riesgo de crecimiento microbiano se multiplica exponencialmente. Si es verano y encima estamos en la playa con temperaturas mucho mayores, este crecimiento puede volverse totalmente descontrolado. Así que, por favor, no te olvides de la nevera. Hazlo por mí. Y por tu salud sobre todo.

Espero que os resulte de interés veraniego,

Mario.

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