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La introducción de los insectos como “nuevo alimento” por parte de la Unión Europea nos ha traído multitud de productos innovadores en los últimos años.

Desde barritas energéticas, pasando por hamburguesas, albóndigas o pasta y llegando incluso hasta batidos de proteína, todas estas nuevas propuestas a base de insectos han supuesto una auténtica revolución dentro del mercado gastronómico, tecnológico y nutricional.

Como ya sabéis, es un tema que desde siempre me ha interesado y que ya hemos tratado en otras ocasiones en SefiFood. Sin embargo, a pesar de que como consumidor he estado pendiente de las novedades, en la web llevábamos algunos años sin tocar este tema.

Por ello, en el artículo de hoy quiero hacer un repaso a la situación actual del mundo insectil para consumo humano, tanto a nivel legal y social, como también nutrición y de seguridad alimentaria. ¡Allá vamos! 🐛

La proteína de insecto está de moda

Como comentábamos al inicio, en la actualidad encontramos una variedad increíble de productos elaborados a base de insectos. Y, al contrario de lo que podríamos pensar, casi todos estos productos tienen como base la harina de insecto, que se utiliza como sustituto de otras harinas convencionales o bien se añade como un extra en su composición nutricional.

Por ello, merece la pena profundizar en algunos aspectos interesantes relacionados con el consumo de insectos para la salud humana, ya que supone un valor en alza que cada vez encontramos con mayor facilidad en supermercados y otras tiendas especializadas en España.

Uno de los principales “claims” o reclamos de los insectos es su elevado contenido proteico. Concretamente, cada 100 gramos de insecto contienen aproximadamente unos 40-50 gramos de proteína.

Pero claro, debemos tener en cuenta que los insectos se consumen en cantidades mucho menores por su peso, y que además se incluyen en productos cuya representación insectil puede variar del 5-10%, disminuyendo todavía más su proporción.

Sin embargo, esto no quiere decir que debamos destacar el consumo de insectos, ya que es una fuente proteica de interés, y que además destaca por su mayor sostenibilidad a nivel medioambiental ya que invertimos muchos menos recursos en obtener 1 Kg de proteína de insecto que 1 Kg de carne de ternera, por ejemplo.

La relación de los insectos con las alergias

A pesar de estos beneficios claros, los insectos también suscitan ciertas inquietudes a nivel de seguridad alimentaria, y sobre todo en cuanto a alérgenos. Esto ya fue manifestado por parte de la EFSA y AESAN en sus revisiones, ya que era necesario seguir investigando sobre las posibles reacciones alérgicas derivadas del consumo de insectos.

Concretamente, algunas personas que ya eran previamente alérgicas a crustáceos y a los ácaros del polvo, mostraron reacciones adversas similares tras el consumo de insectos. Por ello, en el etiquetado actual es obligatorio incluir una mención especial en este sentido que alerte a los consumidores alérgicos sobre este aspecto.

El panorama legal de los insectos en Europa

En el año 2018 explotó un “boom” en el sector de los insectos para consumo humano, ya que la Comisión Europea incluyó a los insectos dentro de la categoría de “nuevos alimentos” en el Reglamento UE 2015/2283.

Con ello, muchas empresas que tradicionalmente ya comercializaban con insectos para la elaboración de piensos animales intentaron adaptar sus productos para el consumo humano, no sin ciertas trabas. Además, también surgieron muchas nuevas empresas y propuestas que pretendían innovar para acerca los insectos de una forma más aceptable y cercana hacia el consumidor promedio.

Sin embargo, esto no era tarea sencilla, ya que por el diseño de la legislación europea no se permitía la venta de insectos producidos en España, pero sí en otros países de la Unión Europea como Bélgica, Austria, Finlandia, Dinamarca, Reino Unido y Holanda.

Además, tampoco era posible utilizar cualquier especie de insecto para producir alimentos y productos comestibles, ya que en cada país de los anteriormente citados solamente estaban permitidas unas pocas especies. Todo ello estaba basado a nivel legal en un periodo transitorio y un “reconocimiento mutuo” que permitía su uso basándose en que estos países vecinos como ya los venían utilizando desde hace años de forma segura.

¿Y cómo está la cosa en 2020?

Pues resulta que la cosa no ha cambiado mucho. Actualmente esta situación legal se mantiene, siendo habitual que algunas empresas españolas se vean obligadas a producir sus productos fuera de España para poder venderlos aquí, algo bastante paradójico.

Otra vía para conseguir la aprobación en la venta de insectos para consumo humano consiste en una solicitud individual que debe hacerse a la Unión Europea, un proceso bastante costoso y prolongado en el tiempo que la mayoría de empresas ha optado por no llevar a cabo teniendo en cuenta todas las dificultades que supone.

En relación a estas cuestiones, tuve la oportunidad hace algún tiempo de asistir a un congreso de la IPIFF, (International Platform of Insects for Food and Feed), celebrado el 29 de mayo de 2018 en Madrid, como os conté aquí.

Se barajaba la posibilidad de que en 2020 surgiera una nueva regulación legal que mejorara esta situación en la Unión Europea, sin embargo todavía no ha sucedido. Teniendo en cuenta la situación actual de la pandemia COVID-19 es bastante probable que todo esto se retrase, pero no sabemos durante cuánto tiempo.

¿Es recomendable el consumo de insectos?

El consumo de insectos en la dieta humana lleva muchos años introducido en otras culturas, por lo que no debemos contemplarlo como algo extraño o desagradable. Sin lugar a dudas, se presenta como una opción muy interesante que no debemos descartar para ser utilizada como cualquier otra fuente proteica de interés.

Personalmente, no creo que los insectos vayan a ser la solución inmediata a todos los problemas medioambientales derivados del consumo alimentario. Al igual que considero utópico y tampoco creo que toda la población mundial se vaya a volver vegetariana o que en pocos años se acabe la ganadería intensiva. Sin embargo, ya veremos en el futuro. En ese sentido siempre dejo la puerta abierta, ya que no veo ninguna de estas ideas como algo descabellado.

Pero centrándonos en el presente, creo que debemos enfocar este asunto desde otro punto de vista, y es el de la innovación. Como tecnólogo alimentario me resultan sumamente curiosas e interesantes todas las innovaciones que se están haciendo en torno al consumo de insectos, como es el caso de la producción de proteína en polvo enfocada en el sector del fitness y para el ámbito deportivo.

Además, creo que si se quiere prosperar en lo que respecta a la aceptación de estos productos dentro del público general se debe ir más allá y conseguir que los productos a base de insectos también sean organolépticamente deseables (vamos, que estén ricos) y que también sean divertidos y llamativos. Y creo que algunas marcas lo están consiguiendo.

Recordemos, por ejemplo, que no es habitual consumir granos de trigo enteros tal cual proceden de la naturaleza, sino que los procesamos y molturamos hasta obtener una harina más manejable y con amplias posibilidades a nivel gastronómico y tecnológico. De la misma forma deberíamos considerar a los insectos. Es decir, una materia prima que cuenta con un interés creciente en el sector alimentario y que permite elaborar productos novedosos y cada vez con un mejor perfil nutricional.

 

Este artículo ha sido patrocinado por Becrit, marca que comercializa proteína de insecto.

 

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