por qué usamos aditivos y de dónde vienen

Por qué usamos aditivos y de dónde vienen

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En esta ocasión os hablo sobre uno de los temas más polémicos dentro del mundo de la nutrición, el uso de aditivos en alimentación. Como siempre, te ofrezco un breve extracto del artículo publicado en La Vanguardia y te animo a visitar el enlace inferior para poder leer el post al completo.

Después, te espero por aquí para ampliar un poco más de información sobre por qué usamos aditivos y si realmente son seguros para el consumo humano. Como siempre, te muestro a continuación las preguntas que me hicieron desde el medio y mis respuestas de forma más extendida.


Lo que esconden los aditivos alimentarios más habituales

«Hay muchos motivos por los que la palabra aditivo genera rechazo entre la población. Una de las causas de animadversión hacia ellos es, en palabra de la dietista-nutricionista y tecnóloga de los alimentos, Beatriz Robles, “a un gran bulo que circuló en 1976, cuando se publicó un listado de números E que se dividían entre cancerígenos, sospechosos e inofensivos, un documento conocido con el nombre de panfleto de Villejuif.»

 

 

Puedes continuar leyendo este artículo de Laura Conde

donde colaboro haciendo clic aquí, para La Vanguardia

 

 

¿Qué son los aditivos y para qué se utilizan?

Los aditivos son aquellas sustancias añadidas a los productos alimenticios con una finalidad tecnológica, como por ejemplo unir emulsiones, aportar aroma o color, potenciar el sabor y sobre todo, la función más importante: mantener la seguridad alimentaria y alargar la vida útil de los productos.

¿Son perjudiciales por definición? En este sentido, ¿debemos evitarlos en la medida de lo posible y optar siempre por productos sin aditivos?

En absoluto. Es bastante común encontrar hoy en día un rechazo global hacia los aditivos, ya que se perciben como un elemento extraño o artificial en nuestra comida que puede llegar a ser perjudicial. Sin embargo esto no es así, esta tendencia ideológica es lo que se conoce como «quimiofobia». La confusión viene porque casi siempre los productos insanos vienen cargados de aditivos, lo que se conoce como ultraprocesados. Por ello se asocian a que no son saludables, cuando desde el punto de vista científico no es algo que esté tan claro. Podemos afirmar que los aditivos son seguros, ya que no producen daños a las concentraciones que se suministran según la legislación europea.



¿Es cierto que lo malo de los ultraprocesados no son tanto los aditivos como la presencia de grasas de mala calidad y azúcares?

Así es, ingredientes de mala calidad como azúcares añadidos, harinas y aceites refinados son los principales culpables de que un producto alimenticio no sea saludable. Por ello no debemos demonizar a los aditivos, son componentes seguros cuyos límites se revalúan continuamente en base a la evidencia científica actual. Son revisados constantemente y adaptan su IDA (ingesta diaria admisible) según las nuevas revisiones científicas.

 

¿Qué medidas de control han pasado los aditivos autorizados?

La IDA (ingesta diaria admisible) es una parámetro que sirve para medir la cantidad de aditivo que puede ser consumida diariamente durante toda la vida por una persona sin que se produzcan daños para la salud. Este índice se establece en aquellos aditivos que pueden resultar más problemáticos en grandes dosis, por lo que el riesgo es mínimo. Por seguridad, la IDA establece un margen muy grande. En otros aditivos ni siquiera se establece una IDA porque no hay ninguna evidencia de que sean perjudiciales.

¿A qué crees que se debe su mala fama?

A la desinformación que sufre el consumidor, muchas veces potenciada desde los medios de comunicación y otras veces desde las propias empresas alimentarias y algunas técnicas de marketing no demasiado honestas que llevan a cabo en ciertos productos.

¿Es cierto que algunas compañías de alimentación han cambiado la E- por el nombre real del aditivo, que suena menos malo?

Sí, en algunos casos se opta por indicar el nombre exacto del aditivo en lugar de su letra E. Esto realmente no tiene mucho sentido, ya que la letra E garantiza que el aditivo está perfectamente aprobado para su uso en la Unión Europea. Sin embargo, muchas campañas anti-aditivos impulsadas por empresas alimentarias han provocado que el consumidor sienta pavor con solo leer la «E». Legalmente están aceptadas ambas opciones, indicar el código E o solamente el nombre común del aditivo.



Muchas gracias por leerme.

Mario.

 

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