La Nueva Pirámide Alimentaria: propia del antiguo Egipto

Hace unos pocos meses salió a la luz una nueva recomendación nutricional de referencia, la última versión de la famosa pirámide alimentaria por parte de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC).

De toda la vida hemos considerado a la pirámide como un símbolo de salud y de fe nutricional, casi como el padre nuestro. Sin embargo esta no debería servir como referencia, al menos teniendo en cuenta lo desviada que está de la realidad, al igual que el tabique nasal de Belén Esteban.

Nuestro objetivo de hoy es explicar el por qué de la polémica que ha desatado esta obra egipcia en forma de recomendación saludable entre la comunidad nutritiva, agarraos los jeroglíficos. A continuación describimos los principales puntos de discusión.

  • Recomendación “moderada” de bebidas alcohólicas.
  • Prevalencia de algunos productos bajos en grasa.
  • El pan, ese gran mentiroso.
  • Inclusión de los suplementos alimenticios.
  • Bollerías y dulces ocasionalmente.
  • 5 comidas al día, podría estar detrás un patrocinio de Brazzers.


Antes de entrar al turrón, hablemos de la moderación:

Partiremos de la base de que los españoles no tenemos ni idea de lo que es la moderación en ningún ámbito de la sociedad, por lo que en alimentación mucho menos. Teniendo en cuenta los extremos problemas de obesidad que existen en nuestro país, me parece una auténtica irresponsabilidad que los organismos de referencia encargados de lanzar estas recomendaciones miren hacia otro lado y digan que “ocasionalmente” no pasa nada. Si sumas cada ocasionalmente acabarás comiéndote un día un Bollycao, al otro una bolsa de patatas fritas, al día siguiente un helado, pasado una tableta de Milka, y el fin de semana te irás al parking de Maná a ponerte hasta las cejas de cubalibres. Pero eh, que todo es “con moderación”.

El alcohol, sentenciado por la ciencia.

Las bebidas alcohólicas han demostrado reiteradamente en múltiples estudios su efecto hepatotóxico y su predisposición a la aparición de distintos tipos de cáncer, por lo que no tiene absolutamente ningún sentido recomendar su consumo, por muy “moderado” que sea. Esto es muy bonito, pero jamás se cumple.

¿Todas las grasas son iguales?

Siguiente con el tema de la grasa, que ya comenté en profundidad en uno de los recientes artículos “¿Bajo en GRASA? Mejor alto en sentido común”, no está para nada justificado recomendar el consumo de lácteos desnatados, por ejemplo, ya que recientes estudios científicos están demostrando que este tipo de grasas son de un perfil saludable, rompiendo con la creencia arcaica de que todas las grasas de origen animal son malas y las vegetales buenas.

Panpanamericano.

Aquí han introducido algo positivo, aunque no destacándose tanto como debería, los cereales integrales. El tema del pan es muy polémico, ya que toda la vida llevamos consumiéndolo por encima de lo que realmente deberíamos. Parece ser que está estrechamente relacionado con el desarrollo de la obesidad, pudiendo ser uno de los culpables de que en España seamos todos unos pedazo de trofollos.

Hay que entender que un producto no pasa a ser saludable (o no serlo) exclusivamente por sus cualidades nutritivas, sino por la frecuencia de consumo en una población concreta. Somos una sociedad que lleva comiendo bocadillos a todas horas desde que tenemos memoria, acompañando todas y cada una de las comidas con pan, y metiéndonos entre pecho y espalda rebanadas de pan Bimbo como si no hubiera un mañana, por lo que merece la pena pararse a pensar en ello.

Hay que dar prioridad a los cereales con el grano entero, ya que poseen una mayor cantidad de fibra. Un compuesto cargado de multitud de beneficios saludables según infinidad de estudios científicos a los largo de los años y que por desgracia presenta en nuestro país unos niveles de consumo que están por los suelos, como la carrera musical de Chenoa. Por eso siempre que se pueda: prioridad integral.

La suplementaçao alimentaria

Los polémicos suplementos son otra historia. Podrían ser un gran aliado si no fuera por su consumo irresponsable y a lo tonto en la mayoría de ocasiones. El ácido fólico en las embarazadas, la vitamina B12 en veganos o cualquier otro tipo de compuestos bioactivo puede ser absolutamente necesario en situaciones especiales de déficit o enfermedad. Podéis encontrar más información en: “¿Son necesarios los SUPLEMENTOS?”, pero básicamente no debemos volvernos locos, ya que la biodisponibilidad y el mecanismo de absorción de muchos nutrientes no se conoce del todo, por lo que podría ser perfectamente que estemos tirando nuestro dinero por el váter, literalmente. Por todo ello tampoco me parece lógico incluirlos en una recomendación de referencia, ya que su uso queda limitado a casos muy concretos.

La gordura ocasional

El rollo del consumo moderado y ocasional, lo mismo de antes. A estas alturas de la película, que se incluyan alimentos ultraprocesados repletos de azúcar, sal y con escasos nutrientes me parece una auténtica salvajada, por mucho que se maquillen tras un halo de “lo que vosotros hagáis con estas recomendaciones no nos importa lo más mínimo, son moderadas y allá vosotros”.

Pautas dietéticas arcaicas

La recomendación de 5 comidas al día, al igual que la premisa de que “el desayuno es la comida más importante del día” ya cansan. Huelen a cerrado y a viejuno. ¿Si comes 4 veces al días estás haciéndolo mal?. ¿Y si comes 6? Pues no hijo, todo dependerá de la calidad de los productos que consumas.

Si te pasas el día comiendo porquería, de poco vale que dosifiques y cuantifiques al máximo tus ingestas y cantidades de macronutrientes. Por el contrario, consumiendo productos saludables te ahorras calentamientos de cabeza, y dará igual en que número de ingestas repartas tu sustento diariamente.

Digamos algo positivo

Después de quedarnos bien a gusto criticando la gran cantidad de problemas que presenta esta nueva pirámide alimentaria, debemos destacar algunas cosas buenas:

  • El fomento de la actividad física, imprescindible como un fiel aliado contra la obesidad. Existen distintas peticiones en Internet para incluir desde edades bien tempranas 1 hora diaria de actividad física en el colegio. Yo desde aquí las aplaudo y apoyo totalmente.
  • Otro punto interesante es la recomendación de técnicas culinarias saludables, utilizar más el horno y menos la freidora.
  • Conexión con otras ramas de la ciencia, el equilibrio emocional. Al final la nutrición es una herramienta más para lograr el bienestar de una persona, por lo que si todo anda bien en nuestra cabeza será mucho más sencillo seguir pautas dietéticas y optar por un estilo de vida saludable.


Terminamos, que ya va siendo hora.

Este tipo de entidades deberían mojarse muchísimo más, ya que representan un icono de referencia para el mundo de la salud. Se debería señalar con el dedo a los productos no saludables y no promocionar su consumo ni lo más mínimo (pero ya sabemos: poderoso caballero es Don Dinero). Cuando los niveles de diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares en España disminuyan, entonces hablaremos de moderación. Mientras tanto, la promoción total de una alimentación saludable debería ser nuestra prioridad más absoluta.

Y para finalizar por todo lo alto y recalcar el mensaje, unas palabras tomadas del diario El Correo de Bizkaia, de la gran profesional dietista-nutricionista y célebre Instagramer, Gabriela Uriarte:

«No pasa nada por comer un trozo de chorizo o un pedazo de tarta de vez en cuando», pero no se pueden incluir como alimentos «aconsejados desde la salud pública».

Bibliografía:

Holst, C., Tolstrup, J. S., Sørensen, H. J., and Becker, U. (2017) Alcohol dependence and risk of somatic diseases and mortality: a cohort study in 19 002 men and women attending alcohol treatment

Fernstrand, A. M., Bury, D., Garssen, J., & Verster, J. C. (2017). Dietary intake of fibers: differential effects in men and women on perceived general health and immune functioning. Food & Nutrition Research, 61(1).

Siri-Tarino, P. W., Sun, Q., Hu, F. B., & Krauss, R. M. (2010). Meta-analysis of prospective cohort studies evaluating the association of saturated fat with cardiovascular disease. The American Journal of Clinical Nutrition, 91(3), 535–546.

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