¿Bajo en GRASA? Mejor alto en sentido común

Los alimentos bajos en grasa han sido durante muchos años los señalados en el banquillo de la lucha contra la obesidad, al igual que Fabio Coentrao en el Real MadridPor ello hoy los salvaremos de la hoguera nutricional.

Antecedentes grasientos

Desde tiempos ancestrales, (incluso antes de la emisión de Aquí no hay quien viva), la creencia de que toda grasa es mala ha sido un dogma común en el subconsciente poblacional. Y con razón. Parece de toda lógica pensar que al tomar grasa, esta se acumulará en tus lorzas al igual que los números rojos en la cuenta bancaria. Parece que tiene mucho sentido, pero no es tan fácil. La nutrición no es como las matemáticas, para desgracia de todos nosotros. Desde hace años el establecimiento de pautas dietéticas se ha basado en la lógica de que la grasa posee una carga calórica de 9 kcal por cada gramo de grasa, mientras que el resto de los macronutrientes (proteínas e hidratos) generan 4 kcal/ g de nutriente, los llamados números de Atwater, una forma de expresar la energía que desprenden los principales nutrientes en nuestra alimentación.

Sin embargo este sistema ha quedado anticuado con el avance de los años, ya que se ha demostrado de sobra que la cuantificación individual de los nutrientes en alimentos no es representativa ni sirve como modelo para establecer si un alimento es saludable o no. Para poder decir realmente que un alimento es saludable, debemos pensar en este de forma global, teniendo en cuenta sus ingredientes, por supuesto, pero sin fijarse en cantidades exactas, ya que podríamos caer en errores de bultoPor ejemplo, podríamos encontrarnos con un alimento “supuestamente sano” que tuviera una cantidad razonable de fibra, pero también contener una cantidad indecente de azúcar añadido, por lo que no sería un alimento saludable (unas galletas típicas de desayuno).

¿Entonces, debemos consumir grasa?

Sí, rotundamente sí. No podemos vivir sin grasa, al igual que el KH7. La grasa es un elemento esencial de nuestra vida, al igual que la lavadora o la Playstation y totalmente necesaria en una dieta saludable. Se han estudiado ampliamente las dietas bajas en grasas y se ha llegado a la conclusión de que estas sirven para menos que un candado en La Fama de Murcia.

Lo primordial en una dieta es la adherencia, y no hablo de lo que hace un imán en tu frigorífico de la playa. La adherencia es una característica de las dietas que posibita que el paciente la siga de forma regular y constante en el tiempo, lo cual es proporcionado por la grasa, junto con la saciedad. Una dieta sin adherencia y que no aporte saciedad (que te haga pasar más hambre que un perro), tendrá el mismo futuro que Michel Robinson en un maratón de lectura.

Por ello los productos desnatados no son recomendables, mejor tomarlos en su versión entera, ya que los últimos estudios están demostrando que las grasas de los lácteos no son tan malas como se pensaba, a pesar de ser saturadas.

¿Cuáles son las grasas saludables?

Continuando con lo comentado en el último punto, hay que desterrar para siempre que las grasas vegetales son saludables y las grasas animales malas. Tenemos el reciente ejemplo del polémico aceite de palma que echa por tierra este teoría, ya que es peor que pegarle a un padre con un calcetín sudao. En el otro lado nos encontramos con productos de origen animal que parecen presentar un perfil saludable, como los huevos y los lácteos.

El problema “gordo” no está ahí, debemos ser conscientes de que la mayor parte de productos que consumimos hoy en día son ultraprocesados, que contienen unas cantidades excesivas de azúcar, sal y grasas de malísima calidad. Los dulces, patatas fritas, helados, bollería y choco crispis son tu enemigo, asúmelo aunque duela. Por el contrario, el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, el aguacate, y los pescados azules como el salmón y el emperador son tu mejor aliado.

¿Ha quedado claro no? Lo que debemos hacer es consumir grasas saludables, no sustituirlas.

Conclusión:

Las grasas o lípidos son un tipo de macronutriente indispensable en nuestra dieta, al igual que los hidratos de carbono y las proteínas. Cuando veas a alguien entrado en carnes por la calle no intentes recordar sí le has echado mucho aceite a la ensalada, mejor plantéate dejar de engullir la caja de donuts que te metes entre pecho y espalda a diario, pedazo de animal con ojos. Tampoco te pidas el café con sacarina si después te vas a comer un trozo de tarta más grande que tu cabeza. Consume de forma responsable, no podemos adelgazar por ti.

Bibliografía de interés:

Linares, Daniel M. et al. “Lactic Acid Bacteria and Bifidobacteria with Potential to Design Natural Biofunctional Health-Promoting Dairy Foods.” Frontiers in Microbiology 8 (2017): 846. PMC. Web. 13 June 2017.

Chen, Mu et al. “Effects of Dairy Intake on Body Weight and Fat: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials.” The American Journal of Clinical Nutrition 96.4 (2012): 735–747. PMC. Web. 13 June 2017.

 

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